Tratamiento
médico de la enfermedad ácido péptica
Probablemente no hay entidad médica, que para
un mejor manejo requiera más del conocimiento de su fisiopatología como es el
caso de la enfermedad ácido péptica.
Si damos por sentado su localización,
variedades y su misma fisiopatología antes de entrar en la evaluación de normas
terapéuticas, debemos ser claros que aún dentro de los conocimientos actuales
quedan incógnitas que deben ser despejadas en el futuro.
Se ha dicho y se acepta que el ácido clorhídrico
es indispensable para la producción de la úlcera péptica y que en su ausencia
no ha sido posible demostrarla. Esto es cierto, pero podría tomarse en una
verdad a medias, si se tiene en , cuenta que los niveles de acidez en la luz
gástrica antes del período ulceroso, en el momento de padecerla y con
posterioridad al mismo son iguales, y si se llegase a comprobar que haya un
agente más directo que actúe eso sí, bajo la presencia del ácido clorhídrico.
Otro hecho con relación al mismo factor llama la atención, es la medición del
ácido clorhídrico en el contenido gástrico. Hay pacientes ulcerosos que van de
los estados de máxima hiperclorhidrias a la hipoclorhidria, y pacientes con
acentuadas hiperclorhidrias que nunca desarrollan úlcera; podría tratarse acaso
de una falla en los procedimientos de medición tradicional del ácido
clorhídrico y que ahora por fortuna se ha venido aclarando con técnicas más
elaboradas de precisión de hidrogeniones en la pared gástrica.
Hay un hecho claro dentro del gran esfuerzo
que se ha realizado dentro de los últimos años por la comprensión de los
mecanismos productores de la enfermedad ácido-péptica y su tratamiento, y es el
manejo quirúrgico; hago énfasis aquí en la evolución que ha tenido la vagotomía
hasta llegar a la vagotomía altamente selectiva, la que parece prevenir
notoriamente la incidencia de la recidiva con mínimos efectos colaterales. Bien
es sabido que por el vago se medía la producción del ácido clorhídrico a través
de la acetilcolina, se potencializa la acción de la gastrina, se media la
producción de histamina y la calidad del moco gástrico. La vagotomía total y la
altamente
selectiva, atacan factores que directa o
indirectamente se conocen actúan en la producción de la úlcera péptica y quizás
algún factor más que hasta el momento no conozcamos influenciado por este
nervio.
Si observamos el cuadro general del ulceroso
péptico, es bien probable que alrededor de un 10% de la población lo haya sido
en una etapa de su vida; de estos, no todos, tienen un diagnóstico comprobado,
ni han sido tratados. De los pacientes que llegan al médico con un cuadro
clásico ulceroso, buena parte de los mismos han tenido síntomas similares que
han cedido espontáneamente. No es arriesgado afirmar, que muchos de los
pacientes ulcerosos pépticos, que tenemos oportunidad de tratar, han mejorado y
aún ha desaparecido su sintomatología, sin tratamientos médicos previos, o con
éstos bien o mal dirigidos. La aseveración anterior nos lleva a la posible
conclusión, que la úlcera péptica, es una entidad cuya evolución natural marcha
a la cicatrización en la mayoría de los casos, y sólo un porcentaje, el menor,
en uno de sus episodios, sigue su curso a la complicación.
Habidas las anteriores consideraciones, y
teniendo en cuenta la fisiopatología de, la úlcera péptica, creemos que en base
a los resultados quirúrgicos, el tratamiento médico ideal, sería aquel que se
aproxima a la vagotomía total o en las formas más evolucionadas, como lo es la
vagotomía altamente selectiva en forma permanente. Esto no es posible
médicamente en la actualidad, sin obtener efectos colaterales
contraproducentes. Igualmente todo procedimiento terapéutico farmacológico
basado sobre un solo aspecto de los mecanismos fisiopatológicos, probablemente
es incompleto, como sistema de control de la enfermedad ácidopéptica En el
momento actual, nosotros seguimos tratando la úlcera péptica sobre un esquema
tradicional, individualizando los pacientes sobre aspectos de agresividad de la
entidad ulcerosa, de la localización de la úlcera: duodenal, gástrica o mixta,
de la asociación de éstas con otras entidades, de las características
endoscópicas, cuando es viable, y de ciertas consideraciones de carácter
socio-económicas, haciendo énfasis que el manejo médico bien dirigido, no debe
extenderse más allá del curso natural de la enfermedad, pues en tales
condiciones posiblemente, estemos frente a un paciente quirúrgico, con otra
patología o entidad asociada provocadora de síntomas.
El esquema que venimos usando en el servicio
de gastroenterología del Hospital Universitario de Caldas, es el siguiente:
Medidas de sostén. Medidas dietéticas. Medicamentos antiácidos.
Anticolinérgicos. Terapia antigastrínica y bloqueadores de los receptores
histamínicos (H 2).
MEDIDAS DE SOSTEN
Se ha hablado de cierta personalidad del
ulceroso, de cierto grado de dependencia, es factible que así sea, lo que más
llama la atención en este tipo de personalidad, es su alto sentido de la
responsabilidad y aún cierta tendencia a la agresividad. El médico tratante
debe encontrarse adecuadamente preparado para entender ciertos aspectos o
conflictos de estos pacientes; no es necesario que sea un siquiatra consumado,
pero si, con los conocimientos suficientes para interpretar y transformar en
actitudes positivas, apreciaciones que en nuestros enfermos son consideradas
como negativas, pero que dentro de las actividades de la comunidad, son
factores esenciales de progreso.
QUE SERIA DE LA SOCIEDAD SIN HOMBRES CON
ANGUSTIA DE SUPERACION Y DE PERFECCION? Posiblemente no alcanzaríamos el
término medio ideal. Es en este punto, donde es necesario crear una limitación
exacta dentro de los conflictos que afectan al paciente y los que éstos pueden
desencadenar en su médico. Probablemente aquí hay pacientes que dominan o afectan
la personalidad y la claridad de su juicio en la apreciación de los síntomas
del enfermo. No es lo mismo estar frente a un enfermo con un nivel mínimo de
cultura o en presencia de un científico. Los factores sicológicos del paciente
deben ser atendidos con criterios rigurosamente científicos. Todavía es notorio
ciertos rezagos del pasado, que hacen relación a etapas médicas superadas,
ligadas a la magia, al empirismo o el folclorismo. Con una interpretación
científica rigurosamente fría, como a ella corresponde, logramos objetivizar
mejor la situación del enfermo, y situarlo en el terreno ideal o depurado de su
patología, en el medio y en el ambiente en que ha vivido. Este es, quizás el
aspecto más delicado, del manejo médico del ulceroso, donde los factores
síquicos exaltados en él, no son sino, un paso más o menos con relación al no
ulceroso, o un factor superior con relación a la sociedad. En mi concepto, si
sobre estas bases, uno logra establecer una buena interrelación con su
paciente, cualquiera de las otras medidas, no son sino factores adicionales que
hacen que el proceso de mejoría y cicatrización del ulceroso, se cumplan en
términos más confortables y en tiempo más corto.
Corrobora
esta apreciación, el éxito obtenido en el pasado con normas tan elementales,
que ni siquiera resisten la confrontación con los mecanismos fisiopatológicos
generadores de la úlcera péptica. Puede afirmarse que un médico conocedor de la
génesis de la úlcera péptica, con una personalidad clara frente a sí y frente a
su paciente, obtiene magníficos resultados en el manejo de sus pacientes
ulcerosos no complicados con cualquier esquema de tratamiento.
El reposo
es importante en las fases agudas de la úlcera; hay pacientes que sin ninguna o
escasa terapéutica, sacados temporalmente de sus preocupaciones habituales del
trabajo y colocados en condiciones ideales de reposo, tienen una tendencia a la
remisión y cicatrización de su lesión. Cuando deseamos apreciar el poder de
cicatrización rápido de una úlcera, por duda de estar frente a una
complicación, o duda frente a la benignidad en la úlcera gástrica, creemos que
el rigor del tratamiento debe ser mayor, el reposo indispensable, y el
diagnóstico y conducta deben apoyarse en la apreciación endoscópica repetida.
Debe
eliminarse todo tipo de drogas que ataquen la mucosa gástrica, en forma directa
o indirecta, tales como los derivados del ácido acetil salicílico,
fenilbutazona, corticoides, cafeína, etc.
En cuanto
a sedantes, creemos que el principal de ellos, es naturalmente el médico.
Cuando se establece una buena interrelación, la necesidad de éstos es mínima.
Pero si fuesen necesarios los barbitúricos, en especial el fenobarbital,
algunos reguladores neurovegetativos y ataráxicos pueden ser de utilidad. Su
acción estaría en la corteza o núcleos inferiores, bloqueando el estímulo
vagal. Algunos sedantes van mezclados con anticolinérgicos, es necesario
tenerlo en cuenta en los casos de asociación de úlcera péptica y hernia hiatal,
donde éstos pueden aumentar el reflujo.
Cuando
hay tendencia a la depresión, la interrelación médica debe ser más fuerte; si
fuese necesario el uso de drogas antidepresivas, éstas pueden resultar de
alguna utilidad.
MEDIDAS
DIETÉTICAS
En
general, el régimen alimenticio debe ser flexible, adaptado hasta cierto punto
a las condiciones socio-económicas, deben eliminarse los alimentos que
estimulan en forma notoria la producción de ácido clorhídrico tipo cafeína, y
los que el paciente reconoce que en él son desencadenantes de su sintomatología.
Se debe tener en cuenta para evitarlos, que los alimentos de gruesas
partículas, provocan una fase mecánica de la secreción muy activa, y que los de
mayor contenido graso son motivo de retención, e incrementan la fase gástrica o
antral. El régimen debe ser bien balanceado, agradable y bien presentado. En la
fase aguda, entre la inminencia de complicación de la úlcera péptica,
consideramos que el régimen debe aproximarse al horario y puede ser lácteo,
líquido o blando, complementado con la vía parenteral. Cuando acudimos a esta
severidad dietética, creemos debe combinarse con antiácidos líquidos horarios.
No
hacemos distinción de régimen entre el ulceroso gástrico y duodenal, sino con
relación a la capacidad de evacuación gástrica. Cuando ésta está comprometida
totalmente, pasamos sonda gástrica, suprimimos la alimentación oral, obviamente
establecemos los líquidos parenterales y evaluamos con la prueba de sobrecarga
salina, si estamos en presencia de un paciente quirúrgico o médico, para
reiniciar la alimentación, pasando primero por la fase líquida, como es lo
lógico en estos casos.
MEDICAMENTOS
ANTIACIDOS
Basados
en que no se ha podido demostrar úlcera péptica en ausencia de ácido
clorhídrico. Toda la terapéutica médica desde el pasado, ha venido dirigida
a controlar la acidez en los pacientes ulcerosos.
Está
probado que estos medicamentos al producir la neutralización en la
concentración de 1a acidez reducen el tono del estómago y disminuye el dolor.
Parece demostrado que su uso permanente no previene las recidivas o
recurrencias, lo que hace innecesario su uso continuado. Sin embargo, es punto
de controversia, si su empleo en los períodos agudos, disminuye la extensión y
profundidad del proceso ulceroso. La evidencia desde luego, es que proporciona
rápido bienestar adecuadamente usado en estas fases. En relación a su tiempo de
acción buffer óptimo en estado de hambre o estómago vacío, es sólo de
30 minutos para la mayoría; no obstante cuando el paciente ingiere comida, el
uso de los antiácidos una hora después, los lleva a su efecto buffer óptimo por
un período de dos horas. Hay pues, bases racionales. Una y tres horas después
de las comidas, y desde luego al acostarse en las fases de manejo corriente en
la úlcera péptica, y razones para usarlos horariamente, en aquellos períodos
ulcerosos que debemos conducir con régimen líquido inicial.
Todos los antiácidos está demostrado en la
actualidad, son absorbibles.
La división tradicional de antiácidos
absorbibles y no absorbibles, ha sido sustituida por la de más o menos poder
absortivo, desde luego, el bicarbonato de sodio, de calcio y óxido de magnesio,
conservan la supremacía de absorción. Estos antiácidos prácticamente han sido
eliminados por sus contraindicaciones o de rebote en algunos de ellos, y sólo
su uso es limitadísimo a pacientes con sangrado debidamente seleccionados por
prevención de impactación fecal.
Los antiácidos menos absorbibles más comunes
son hechos a base de hidróxidos de aluminio o magnesio. Los primeros, tienden a
producir constipación, se combinan con los fosfatos de la alimentación y pueden
provocar, en casos de ingestión prolongada, deplesíón de fosfato, que puede ser
útil en pacientes renales con hiperfosfatemia. Los segundos tienden a producir
diarrea y su uso indiscriminado, puede ocasionar fenómenos de hipermagesemia,
grave en pacientes renales.
El uso reaccional de los antiácidos debería
hacerse en base al gastroacidograma, pero esto no es viable, ni justificable
desde el punto de vista práctico. Como norma general, los pacientes con úlcera
duodenal, son en su mayoría hipersecretores y deben recibir dosis mayores de
antiácidos, que los gástricos. Una dosis ideal para los ulcerosos duodenales,
sería aquella que tuviera entre 75 y 150 miliequivalentes de hidróxido, que
equivale a 30 o 60 mililitros; y para los ulcerosos gástricos una que oscile
entre 40 y 75 miliequivalentes, que equivale a 15 o 30 mililitros.
ANTICOLINERGICOS
Establecida la gran influencia del nervio
vago, en la producción de la enfermedad ácidopéptica, comprobada experimental y
quirúrgicamente, los anticolinérgicos se empezaron a usar en forma amplia en el
manejo y tratamiento de la úlcera péptica. En la actualidad su uso se encuentra
muy limitado por los fenómenos secundarios que producen estos medicamentos. La
utilización en el servicio de gastroenterología, se dirige a aquellos pacientes
con úlcera duodenal que sean grandes hipersecretores, que no tengan fenómenos
de retención gástrica, no se asocien con hernia hiatal y no tengan las
contraindicaciones generales de los anticolinérgicos.
OTROS MEDICAMENTOS
El arsenal terapéutico que se ha venido
ofreciendo al médico por
intermedio de las casas productoras de drogas,
haría necesario de muchas cartillas para enunciar siquiera sus nombres y mucho
más para hablar de las bondades anunciadas por los productores. Muchos de estos
fármacos no tienen siquiera la efectividad terapéutica del tradicional
antiácido, por lo cual nos parece, no viene al caso, el mencionar esta clase de
sustancias, por su poca o nula utilidad práctica.
Sin embargo, merece destacarse dos fármacos,
para evitar que se utilicen inadecuadamente, como venimos observándolo. Se ha
presentado un producto que tiene acción selectiva sobre la gastrina, que es la
proglumida, que en forma comercial es el Buscalide, al cual se asocia la
buscapina. Algunos trabajos demuestran su acción beneficiosa en la enfermedad
ácido péptica, pero sus resultados no parecen ser superiores a los antiácidos.
El segundo producto son los bloqueadores de los receptores H2, el último de los
cuales promovido amplia e indiscriminadamente por sus productores como la
Cimetidina (Tagamet R) tiene demasiados efectos colaterales y ventajas
terapéuticas que no parecen superar la medicación tradicional, excepto, que en
el paciente ulceroso duodenal, actúe acelerando la mejoría de sus síntomas, en
unos pocos días, si se compara con el uso de los antiácidos aislados, a costa
de un gran precio y de efectos colaterales funestos que todos los días aumentan
según los artículos de las revistas especializadas en gastroenterología.
Debemos aclarar que los bloqueadores de los
receptores H2, no curan la úlcera péptica, como no lo hace ninguna droga en el
presente.
El esquema del manejo médico del paciente
ulceroso, sigue siendo el tradicional, y el médico el factor esencial del
éxito.