RADIOLOGIA Y CLINICA DELA OSTEOMIELITIS PIOGENA EN EL NIÑO

 

Recibido para publicación el 23 de Julio de 1985.

 

INTRODUCCION

 

Las lesiones osteomielíticas han sido observadas en momias egipcias con una antigüedad de cuatro mil años.

 

Pasteur ya había observado que en el material purulento de un osteomielítico, se aislaba en germen idéntico al que se encontraba en los forúnculos. Lexer en 1894, llegó a la conclusión de que el flujo sanguíneo metafisario tenía características especiales que propiciaban embolias bacterianas.

 

En 1944, la introducción de la penicilina produjo un cambio espectacular disminuyendo la mortalidad y curando sin secuelas un gran porcentaje de enfermos. No obstante el panorama de este padecimiento en la actualidad, dista mucho de ser el óptimo.

 

Mencionamos nuestra experiencia en esta enfermedad, intentando establecer el comportamiento y las repercusiones siones que inciden en la población infantil.

 

MATERIAL Y METODO

 

Se analizaron 185 casos en el Instituto Nacional de Pediatría de la ciudad de México, del año de 1971 a 1981. Del sexo masculino se encontraron 123 y del femenino 62. Se les distribuyó por grupos de edad y por casos agudos y crónicos. Se investigó el hueso afectado; así como la bacteria responsable de la enfermedad. Se anotaron los hallazgos clínicos al ingreso a nuestra Institución y el tiempo de evolución antes de acudir a ella. Las placas radiográficas fueron estudiadas minuciosamente, registrándose sus hallazgos al tiempo del diagnóstico y durante la evolución del padecimiento.

 

Se incluyeron en el estudio los pacientes que contaban con expediente clínico y radiológico, fundamentalmente, asi como con uno o ambos de los resultados de bacteriología e histopatología.

 

RESULTADOS

 

Esta enfermedad ha sido clásicamente descrita en niños, donde se informa una relación de 2:1 a favor del sexo masculino. En nuestra serie esta relación se mantiene. La mayor incidencia fue durante la edad escolar, totalizando el 47.5% (Figura 1).

 

Fue inquietante el número de casos crónicos (66%) recibidos en nuestro Hospital, y el adolescente y escolar ostentan el 77% del total de estos casos (Figura 2).

 

Coincidiendo con casuísticas previas, los huesos más afectados fueron el fémur (33%), tibia (19.4%), húmero (10.2%) y maxilar (4.3%) (Figura 3).

 

Se obtuvieron 129 muestras bacteriológicas, encontrándose el Staphylococcus aureus con una incidencia del 40.3%; subsiguiéndole en frecuenica los cultivos mixtos con 16.3%; y la combinación de Staphylococcus aureus con Haemophilus influenzae con 9.3%. Las Enterobacterias comprendieron el 5.5%; y los Streptococcus el 5.4% (Figura 4).

 

Los hallazgos clínicos más frecuentes a la admisión del paciente fueron: el aumento de volumen local (70.8%), el dolor local (64.9%), y la fiebre (55.7%). La fistulización se encontró únicamente en los casos crónicos (44.9%). (Figura 5).

 

Notablemente llama la atención que los pacientes se hayan presentado tardíamente al momento del diagnóstico, lo cual contrasta con casuísticas extranjeras. Del día 20 al 30, después de haber iniciado su padecimiento, se admitieron 23 pacientes (12.4%); del día 30 a los 2 meses se encontraron 30 pacientes (16.2%); y 84 pacientes posterior a los 2 meses (45.5%), y por lo tanto este último grupo implica prácticamente la mitad de los pacientes revisados (Figura 6).

 

Los cambios radiológicos en la fase aguda de la osteomielitis, señalan en forma relevante el aumento en las partes blandas, apreciándose en el total de los 42 pacientes estudiados y encontrados en los primeros 6 días del inicio de su padecimiento. La desmineralización es el signo radiográfico que le sigue, conservándose su predominio hacia el décimo día, no obstante que el aumento del volumen de partes blandas pasa a formar parte de otros signos encontrados durante este período (ruptura de la cortical, reacción periostial y necrosis).

 

Hacia el vigésimo día nuevamente muestra un franco ascenso el aumento de partes blandas, probablemente no como un indicador radiográfico incipiente diagnóstico, sino participando de un proceso infeccioso perfectamente establecido, y alternando con otros datos de proceso activo agudo como la reacción periostial, ruptura de cortical, desmineralización y necrosis (Figura 7).

 

Analizando la Figura 8, encontramos una inversión o aplanamiento de los datos previamente mencionados, y aparecen el involucro y el secuestro como imágenes radiográficas de un proceso ya crónico. Efectúan un ascenso espectacular, sobretodo el involucro, del día 30 al 60. Aparecen también la desmineralización, necrosis, ruptura y reacción periostial, así como el aumento de partes blandas; coexistiendo como elementos de un evento inflamatorio aún no resuelto (Figura 8).

 

Los cambios radiográficos más relevantes producidos por Staphylococcus aureus fueron la necrosis y la desmineralización, predominando del día 7 al 30. La necrosis representando múltiples abscesos locales coalescentes; comportamiento distintivo del Staphylococcus aureus. Y la desmineralización como elemento menos específico, pero que posiblemente esté en relación a un aumento de la perfusión local, como respuesta del organismo a un grave proceso infeccioso, y que por lo tanto condiciona recambio de la matriz ósea y de depósitos de calcio (Figura 9).

 

COMENTARIO

 

Se considera que existen elementos que propician la instalación de una infección osteomielítica. Los trabajos de Trueta (1), enfatizan la importancia del flujo sanguíneo cerca de la placa epifisaria, el cual se encuentra lentificado ya que el diámetro del asa aferente capilar es de 8 micras y el eferente de 15 a 60 micras con una entrada a vastos sinusoides. Por otra parte se menciona una ausencia de fagocitos en el asa aferente del capilar metafisario, y la presencia de células fagocíticas inactivas en el asa eferente; todos estos factores favorecen la instalación y proliferación bacteriana a este nivel (2).

 

Los síntomas y signos de la osteomielitis piógena, varían con la intensidad, localización y extensión de la infección; así como la edad y resistencia del huésped (3).

 

Los síntomas iniciales más frecuentemente   encontrados son: fiebre, dolor y aumento de volumen localizado al segmento o segmentos lesionados. (4,5)

 

Desde 1927, Laurell señalaba que el primer signo radiológico de una osteomielitis piógena, era la aparición de edema de tejidos blandos, en la periferia de la zona enferma. Se le estableció como un índice de sospecha dentro de los primeros 3 días de iniciado el padecimiento (6, 7, 8). Capitanio y Kirkpatrick mencionan que este dato es inespecífico, principalmente, antes de aparecer la destrucción ósea o la reacción o formación del hueso del periostio (9). Creemos que aún cuando este signo es inespecífico,  los resultados obtenidos demuestran su importancia y atención al revisarse un estudio radiológico. El aumento de partes blandas, localizado inicialmente a planos musculares profundos y a la metáfisis, y posteriormente a planos superficiales. El edema subcutáneo es el último en observarse (10, 11, 12, 13. El edema se observa como un incremento en el espesor del tejido blando y obliteración o desplazamiento de los planos radiolúcidos de las facias musculares (14) (Figura 10).

 

Los siguientes cambios ocurren cuando pequeños focos de necrosis purulenta o abscesos se desarrollan en los tejidos de la médula ósea. Teóricamente, estos coinciden con la descalcificación local (15). Se observa una disminución de la densidad ósea, uniforme y cercana al extremo de la diáfisis y radiológicamente se identifica como desmineralización (16).

 

Al  organizarse  múltiples abscesos locales y unirse, dan lugar a focos de necrosis óseas, los que a los rayos X se visualizan como pequeñas áreas radiolúcidas. Su ocurrencia se ha demostrado entre el quinto y décimo cuarto día, con un promedio de diez días (17).

 

Cuando la infección alcanza la cortical, la destruye y lo que se observa radiológicamente es irregularidad y ruptura de la cortical (Figura 11).

 

La reacción perióstica, se caracteriza por un levantamiento del periostio paralelo a la diáfisis y que está en relación a la extensión   del   absceso subperióstico. El desarrollo de esta reacción es variable, aun cuando las formas unilaminar y multilaminar son las más frecuentes (18) (Figura 12).

 

La propagación de la infección al elevar el periostio va a estimular la formación de nuevo hueso, el cual se desarrolla en un lapso de 3 a 6 semanas. Se aprecia como una banda relativamente gruesa, paracortical y de densidad aumentada. Este es el primer signo de involucro, y que de continuar produciéndose creará una banda ósea que llega incluso a envolver el segmento de hueso enfermo (19) (Figura 13).

 

Los  secuestros  aparecen entre la tercera y sexta semana después del inicio de la enfermedad. Estas porciones de hueso necrótico conservan su densidad original y el hueso adyacente viable muestra desmineralización. Los secuestros más frecuentemente vistos son los que se encuentran en un involucro rodeados de material purulento, lo que proporciona una delimitación nítida radiológica de sus lechos (18,20) (Figura 14).

 

Durante la curación el hueso vivo recupera su densidad original. Las cavidades ocupadas por tejido fibroso se presentan como áreas de rarefacción en el hueso engrosado y escleroso.

 

Una vez resuelta la infección, se hace evidente una zona esclerosa, de densidad aumentada o irregular. En niños el hueso puede adquirir un aspecto cercano a lo normal en pocos años (21,22).

 

Algunas ocasiones las manifestaciones radiológicas no son características de osteomielitis y esto obliga a realizar otro tipo de procedimientos como la punción o bipsia del sitio afectado con envío de muestras a bacteriología e histopatología; gama-grama óseo; y otros menos utilizados como la arteriografía y to-mografia computada (23, 24, 25).

 

Dos de las enfermedades trascendentales por su repercusión clínica sobre el paciente se muestran en la Figura 15y 16.

 

Consideramos que el recurso clínico y radiográfico, continuan siendo los elementos diagnósticos más asequibles y utilizados. Esto último condiciona que el médico reconozca los cambios que se producen en la osteomielitis en un contexto clínico y radiográfico, sin olvidar otros procedimientos que en algunos casos podrán estar indicados.

 

La osteomielitis sigue siendo un problema vigente que puede alcanzar grandes proporciones en el niño. Su reconocimiento temprano y tratamiento adecuado, evita que se acuda con cambios físicos irreversibles y gravese incluso fatales.

 

REFERENCIAS

 

1. Trueta J.: The tree types of acute osteomyelitis. A clinical and vascular study. J bone Joint Surg41 B: 671. 1959.

2. Waldvogel FA, Medoff G, Swartz MN.: Osteomielitis: a review of clinical features, therapeutic considerations abd inusual aspects. -N Engl. J. Med 282(4): 198, 1970.

3. Tachdjian MO.: Pediatric Orthopedics. Vol. 1. W.B. Saunders Co, Philadelphia. 1972.

4. Dickson FD.: The clinical diagnosis, prognosis and treatment of acute hema-{ogenous osteomyelitis. JAMA 127(4): 212, 1945.

5. Morse TS, Pryles Ch V.: Infections of the bones and joints in children. N Engl J Med 262(17): 846, I960.

ó. Caffey J.: Pediatric X ray diagnosis. Vol II. Year Book Medical Publishers, Chicago. 1978.

7. Waldvogel FA, Medoff G, Swartz MN.: Osteomyelitis: a review of clinical features, therapeutic considerations and inusual aspects. N Engl J Med 282(6): 316, 1970.

8. Jorun S, Kjellberg SR.: The early diagnosis of acule septic osteomyelitis, periostitis and arthritis and its importancia in the treatment. Acta Radiol 30: 316, 1948.

9. Capitanio MA, KrkpatrickJA.: Early observation in acule osteomyelitis. Am J Roentgenol Radium Ther Nucl Med 108: 488, 1970.

10. Dich VQ, Nelson JD, Haltalin KC,: Osteomyelitis in infants and children: a review of 16 cases. Am J Dis Child 129:1273, 1975.

11. Morrey BF, Peterson HA.: Hematogenous pyogenic osteomyelitis in children. Clin Orthop 6 (4): 935, 1975.

12. Edwards MS, Baker CJ, Wagner ML, Taber LH: An etiologic shift in infantile osteomyelitis: the emergency of the group B Streptococcus. Pediatrics 93(4): 578, 1978.

13. Memon I A, Jacobs NM, Yeh TF, Lilien LD.: Group B streptococcal osteomyelitis and septic arthritis. Am J Dis Child 133: 921, 1979.

14. Wear JE, Baylin GJ, Martin TL.: Pyogenic osteomielitis of spine. Am J Roentgenol 67:90, 1952.

15. Blockey NJ, Watson JT.: Acute osteomyelitis in children. J Bone Joint Surg 52 B: 77, 1970.

16. Engeset A, Eaek S, dije O.: The significance of growth in the roentgenolo-gical skeletal changes in early congenital syphilis. Am J Roentgenol Radium Ther Nucl Med 69: 524. 1953.

17. Nixon GW.: Hematogenous osteomyelitis of metaphyseal equivalent locations. AM J Roentgenol 130: 123, 1978.

18. RabinowithzJG.: Pediatric radiology. J.B. Lippincott, Toronto. 1978.

19. Brown HP.: Acute hematogenous osteomyelitis of the long bones: a clinical review of 160 cases. Ann Surg 109(4): 596, 1939.

20. Edeiken J, Hodes PJ.: Diagnóstico radiológico de las enfermedades de los huesos. Ed. Panamericana. Buenos Aires, 1981.

21. Hall JE, Silverstein EA.: Acute hematogenous osteomyelitis. Pediatrics 31:1033, 1963.

22. FleisherGR, Paradise JE, PlotkinSA, Borden S.: Falsely normal radionu-clide scans for osteomyelitis. Am J Dis Child 134: 499, 1980.

23. Duszynski Do, Kuhn JP, Afshani E, Riddlesberger MM.: Early radionucli-de diagnosis of acute osteomyelitis. Radiology 117: 337, 1975.

24. Gilday DL, Paul DJ, Paterson J.: Diagnosis of osteomyelitis in children by combined bood pool and bone imaging. Radiology 117: 331, 1975.

25. Kuhn JP, Berger PE.: Computed lomographic diagnosis of osteomyelitis. Radiology 130:503, 1979.